El niño robot

DANIEL GALILEA | Madrid

El robot iCub, un sofisticado robot humanoide de grandes ojos, con la altura y características humanas similares a las de un niño de tres o cuatro años y de veintidós kilogramos de peso, tiene cerca de treinta ‘hermanos gemelos’ mayoritariamente repartidos por Europa y, en menor medida, en EE UU con los que distintas universidades y centros de investigación efectúan experimentos. 

Los ensayos que se efectúan con este ‘conejillo de indias’ construido con cables, acero, plástico y diversos metales y materiales abarcan desde el estudio de la destreza manual hasta la percepción del entorno por medio de la vista o el oído pasando por la relación entre el cerebro y la mente así como la interacción entre los robots y los seres humanos.

ICub está diseñado por el consorcio internacional RobotCub, del cual forman parte universidades europeas y es una iniciativa estratégica de la Unión Europea enmarcada en la llamada ‘robótica sensible’, que podrá integrarse en la sociedad para mejorar la calidad de vida de la gente, para lo cual se busca estimular las capacidades emocionales de los autómatas. 

Uno de los ensayos lo impulsa la Universidad Pompeu Fabra, la UPF de Barcelona, que aspira a producir un robot socialmente inteligente. En sus trabajos, el grupo SPECS de la Pompeu (specs.upf.edu) ha hecho interactuar a iCub con el sintetizador musical ‘Reactable’, un instrumento electrónico con el que varios usuarios simultáneos comparten el control del dispositivo moviendo y rotando objetos físicos sobre la superficie de una mesa circular luminosa, creando sonidos. 

El grupo ha desarrollado mecanismos sensores inspirados en la biología, con los que el robot puede percibir y relacionarse con sus entrenadores humanos, con los que habla en inglés, en un contexto de juegos cada vez más complejos. 

El iCub está dotado de varios sensores de los que obtiene la información sobre su entorno y, una vez procesados los estímulos externos que recibe, a través de las cámaras de los ojos o de los micrófonos de las orejas, puede llegar a reaccionar con 54 grados de libertad de movimientos, repartidos entre sus brazos, manos, piernas, tórax, abdomen y cabeza, señalan desde la UPF.

Gracias a estos sensores, iCub interactúa con sus entrenadores, a los que pregunta dónde colocar, sobre el ‘Reactable’, las piezas que simulan la melodía de instrumentos como batería, guitarra y trompeta, las cuales hacen variar la música que produce el sintetizador, según estén ubicadas en la mesa luminosa. 

El robot es capaz de entender lo que se le pide gracias a que su ‘cerebro’, formado por doce procesadores a los que está unido por un cable, ha sido programado para que sepa asociar una palabra dicha en voz alta con una acción, como por ejemplo tocar un instrumento. 

La investigación ahora conducida por el grupo EFAA, (efaa.upf.edu), continuará en otro proyecto denominado WYSIWYD (wysiwyd.upf.edu), que se prolongará hasta 2016, bajo la dirección del investigador Paul Verschure y en asociación con Giorgio Metta, que coordina el proyecto iCub a nivel global desde el Instituto Italiano de Tecnología en Génova (Italia), donde se fabrican estos androides-niño.

En esta nueva etapa el robot se convertirá en una ‘maquina social’ llamada DJ Droid, capaz de interactuar con los seres humanos, jugando, componiendo e interpretando una música electrónica y novedosa, de forma cada vez más compleja y fuera de patrones predeterminados.

 

GIORGIO METTA, EL 'PADRE' DE LA CRIATURA

«Queremos que sea capaz de aprender como un humano»

— ¿Cuáles son los mayores avances logrados en iCub?
— Le hemos dado la capacidad de reconocer las acciones de las personas, por ejemplo apuntando, realizando gestos en general o movimientos de todo el cuerpo. Esto es útil para que iCub logre una interacción natural con la gente y para que reaccione adecuadamente cuando alguien le enseña algo nuevo. ICub ahora puede sentir el contacto físico con las personas y el medio ambiente por medio de una piel artificial que le confiere el sentido del tacto y le permite comportarse con suavidad cuando hay personas a su alrededor. Las combinaciones de estos dos modos de percepción pueden dar al robot un sentido de su presencia en el espacio, la forma en que está situado con respecto a los demás o a los objetos. También puede ayudarle a distinguir entre su propio cuerpo y todo lo demás, una distinción importante que es la base para que se sienta a sí mismo.
— ¿Hasta dónde llegará el niño-robot?
— Con los 28 prototipos que trabajamos los utilizamos, en general, para la investigación de la inteligencia artificial y la cognición, pero los científicos están desarrollando comportamientos como la visión, el control de voz, el reconocimiento de objetos o la interacción humano-máquina.
— ¿Cuál es el objetivo final?
— Buscamos generar aplicaciones de la robótica que se utilizarán en la vida diaria, por ejemplo en el hogar, la escuela o los hospitales. Más adelante podrían vigilar el medio ambiente o construir fábricas automáticas que sean más baratas y consuman menos energía.
— ¿Cuáles son las tecnologías más innovadores de este robot?
— En cuanto al hardware, es una plataforma completa que puede caminar y manipular las cosas. No hay que muchos robots así. Además el iCub es uno de los pocos robots con una piel que recubre todo la parte superior de su cuerpo. En el mejor de los otras máquinas tienen la piel artificial solamente en las manos, y la mayoría no tienen ninguna en absoluto. En cuanto a su comportamiento, nuestro objetivo es hacer que el iCub sea completamente autónomo y también sea capaz de aprender a través de la exploración ensayo-error o a través de la demostración, con un maestro humano. Marcará la diferencia en el futuro.
— ¿Recuerda alguna anécdota relacionada con el robot-niño?
— Ver al iCub reaccionar a los estímulos externos y comprobar cómo habla, ve y se mueve es una sensación muy poderosa.

Author: Innova

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