Tecnología en tiempos de las pallozas

SUSANA VERGARA PEDREIRA

Dos mil años después siguen siendo un prodigio de tecnología menos rudimentaria de lo que podría parecer. Tal vez por eso se han mantenido en uso más de veinte siglos, hasta bien entrado el XX.

Bajo su aspecto sencillo y contundente se esconde una tecnología puntera aplicable hoy en día y un conocimiento constructivo exacto adaptado a las necesidades de una forma de vida de bajo consumo.

Hay mucha ciencia en esa estructura ovalada con muros de piedra de un metro de ancho, una cubierta de paja de hasta un metro de espesor a modo de casquete con una gran inclinación para evitar que la nieve se acumulara que facilitaba además la evacuación del agua de lluvia, sin apenas huecos a modo de ventana ni siquiera chimenea, con una única estancia dividida por unos ‘tabiques’ de tablas que delimitaban los dormitorios, los establos para el ganado grande y el pequeño —con acceso independiente— y el granero, con un hogar en el centro, la lareira, que servía para calentar más la estancia y para cocinar, protegido por un murete y situado en el centro de la estancia para evitar que una chispa prendiera la techumbre de teito, y con un horno para amasar pan. Fresca en verano, cálida en invierno. Un lugar donde refugiarse y sobrevivir si era necesario sin salir de allí.
Pallozas, un ‘fósil’ que pervive y con motivo.

El arquitecto técnico Pablo Fernández Ans tiene las claves. Dedicó casi dos años al estudio de estas construcciones celtas en las que se ha vivido hasta hace bien poco en los Ancares. Una construcción con mucha ciencia.

En su interior, la temperatura se mantienen estable de forma natural. Siempre a 10 grados, aunque afuera se llegara a -10 grados centígrados en invierno y superaran los 30 en verano. Alcanzar una temperatura confortable partiendo de esos 10 grados era relativamente fácil. Bastaba un pequeño hogar, donde preparar además la comida, y el calor del ganado. Traducido a terminología moderna, una casa energéticamente sostenible, con una demanda calorífica baja, arquitectura bioclimática, con un nivel reducido de emisiones de CO2. Todo eso mucho antes de los romanos.

Fernández Ans probó matemáticamente lo que sabían desde siempre los paisanos de Balouta, Suárbol, Balboa, Campo del Agua, Cantejeira, Burbia, Piornedo, O Cebreiro y parte de la provincia de Lugo además de los valles de Fornela y el asturiano de Ibias. Un descubrimiento que le sigue asombrando.

«Es simple y eficaz. Un fósil que es posible que viva en la actualidad», dice este joven arquitecto técnico.

«Como construcción bioclimática, el comportamiento térmico de la paja como aislante, de 70 cm hasta casi un metro de espesor, y la inercia térmica aportada por el espesor de los muros de piedra, de un metro de ancho, regulan perfectamente la temperatura en el interior de la palloza. Todo eso genera que tenga una baja demanda energética (kW·h/m2) para satisfacer las condiciones de confort y, por lo tanto, generaría bajas emisiones de C02 por consumo de energía primaria», relata Fernández Ans.

Este conocimiento lo está aprovechando la nueva arquitectura bioclimática. Salvando los requisitos de salubridad e intimidad de la sociedad actual, las pallozas son perfectamente vivibles. Bastaría con ‘reinterpretar’ esta construcción y dotarla de sistemas de ventilación además de divisiones internas apropiadas a la forma de vida de hoy en día.

«Si establecemos nuevas soluciones técnicas, sí sería perfectamente habitable una palloza a día de hoy», asegura.

De hecho existen casi más de dos millones de viviendas de características similares con cubierta de paja en países como Gran Bretaña, «perfectamente acondicionadas y en uso y que además tiene una legislación específica y hasta empresas especializadas de teitadores», añade.

Pablo Fernández Ans no estudia las pallozas desde un punto de vista historicista o romanticismo sino que pretende trasladar este tipo de construcciones a la actualidad y demostrar la viabilidad técnica y económica de las pallozas en pleno siglo XXI.

«La mayor parte de la gente asocia la vida en una palloza con pobreza económica y unas condiciones de vida de supervivencia, y lo eran. Pero hay que cambiar radicalmente este discurso derrotista y reinterpretarlo como la palloza-vivienda de calidad», dice.

Así que cree firmemente en una pallozas del nuevo siglo. O, como él asegura, en «la puesta en valor de la arquitectura bioclimática, adaptada a las condiciones del entorno como arquitectura eficiente».

«Sería necesario adaptar el diseño de la palloza a otros usos, con habitaciones, mejorar la iluminación natural etc», apunta. Y señala, también, al gran problema. Porque, paradójicamente, el punto fuerte y débil de esta construcción es el mismo: la paja de la cubierta.

«Ha sido parte, junto con el cambio social y el desarrollo económico, del abandono como vivienda por su inflamabilidad». Hay ejemplos muy actuales: el poblado de Campo del Agua, reconstruido, que sucumbió a las llamas.

«Por eso es necesario adaptarlo a la actualidad, la inflamabilidad de la paja es un aspecto técnico manejable a día de hoy, no más peligroso que incorporar plásticos a las edificaciones o estructuras de acero que sufren grandes deformaciones ante un incendio», avisa Ans.

Y otro inconveniente más. «Para desarrollar el punto clave que es la cubierta de paja es necesario saber si se podría ejecutar hoy. Antiguamente se disponía de grandes cantidades de paja de centeno o xestas, las escobas-retamas. Habría que ver actualmente en qué zona de León o Galicia existiría esa posibilidad y además qué artesanos teitadores conocen las técnicas de colocación de la paja en cubierta, que supone una especialización precisa», dice.

«Es un patrimonio común para León y Galicia y es necesario apoyo y divulgación institucional, amparada por las exigencias y directivas europeas de ahorro y eficiencia energética en la edificación», alega Ans. Y cita la Directiva 2010/31/UE del Parlamento Europeo y del Consejo de 19 de mayo de 2010 relativa a la eficiencia energética de los edificios.

A Ans sus amigos leoneses le mostraron que «un trozo de muro no es una palloza, una palloza constituye toda una forma de vida». Adaptable ahora a los nuevos tiempos.

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Author: Innova

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