La semilla de la innovación

MARÍA J. MUÑIZ | León

El Centro Tecnológico Agrícola-Ganadero sostenible que Laboratorios Agrovet tiene ya en marcha es un ejemplo único de iniciativa y apuesta privada por la excelencia, la investigación y la revolución en uno de los ámbitos más tradicionales de la economía (desde luego del sistema productivo leonés); que está llamado a desempeñar de nuevo un papel protagonista en el nuevo escenario económico. Será, desde luego, con otras armas. Las del conocimiento, la competitividad, la productividad y la profesionalización de un sector que cuenta en León con las herramientas para convertirse en puntero. En la provincia, este centro tecnológico, tiene la excelencia para liderar una revolución que auna la defensa (y mejora) de lo autóctono y el talento de conjugar productividad, rentabilidad y sostenibilidad como bases del furuto del campo leonés.

El centro tiene su ubicación física en Mansilla Mayor. Consta de unos mil metros cuadrados de instalaciones (con centros ganaderos y laboratorios) y 2.400 metros cuadrados de invernaderos que cubren funciones bien diferenciadas, desde las pruebas para nuevas especies, abonados y cultivos a propuestas de fitosanitarios o cursos de fumigadores. Varias fincas con proyectos de investigación en marcha y otros en espera completan un espacio de prueba, investigación y análisis único en España.

También porque se ha desarrollado desde el convencimiento de la iniciativa privada, como una apuesta particular en la que confían desde hace tiempo tanto multinacionales como administraciones.

Laboratorios Analíticos Agrovet es una empresa joven y formada por jóvenes, pero con una contrastada experiencia investigadora que ahora se transforma en un ambicioso proyecto personal y empresarial. Al frente, Pablo Flórez, que desde sus inicios como una especie de start up gestada en vivero empresarial y colaboradora con otras empresas punteras ha logrado consolidar, en los años más duros de la crisis económica, un proyecto que sienta sus base en la confianza de que en el campo leonés, en las semillas de sus productos más emblemáticos y tradicionales, se guarda la esencia del que debe consolidarse como nuevo modelo económico leonés.

Le hace falta la revolución, pero cuenta con una nueva generación de agricultores y ganaderos deseosos de poner en valor un negocio agroalimentario en cuya evolución anidan buena parte de las esperanzas del renovado pilar de la economía leonesa.

Por eso el centro tecnológico que levanta Agrovet tiene ya en sus parcelas el germen de destacados proyectos de investigación agraria; mientras se avanza para el próximo otoño una oferta de formación e información llamada a revolucionar y poner en vanguardia el sector primario leonés.

Los primeros pasos del centro tecnológico pasan por el sector agrícola. «Las investigaciones en marcha se realizan ahora en tres niveles: los invernaderos, las fincas y el laboratorio». En todos ellos se analizan proyectos que van desde la mejora de semillas y especies, tanto autóctonas como adaptables al medio leonés y que mejoren productividad y resistencia; hasta la experimentación de fungicidas, abonos, tratamiento de lodos, test de mejoras de rendimientos,...

«Tenemos mucho interés en consolidar un banco genético de semillas, especialmente aquellas autóctonas que puedan ofrecer mejores resultados, pero también otras capaces de rentabilizar las mejoras de las infraestructuras agrarias, como los regadíos», explica Flórez.

De momento en las parcelas de la finca se desarrollan ya cinco proyectos de investigación, que van desde el estudio de la eficiencia de la utilización de lodos tratados térmicamente en el cultivo de maíz a la mejora del cultivo de la alubia de La Bañeza (en sus variedades pinta, canela y riñón) o la utilización de biosoluciones bacterianas para el control de enfermedades en el cultivo de trigo y la mejora de su rendimiento.

«Nuestra intención es transmitir que el campo es lo más importante para León, invertir en un centro que investigue y forme porque la agricultura avanza. No vale sembrar sin más, hay que sembrar lo que es más rentable». Flórez muestra también especial preocupación por atraer a nuevas generaciones a este sector. «Si queremos que los jóvenes se queden hay que pensar en otros cultivos, y desde luego en los autóctonos, que están muy poco explotados. Es necesario cambiar de mentalidad y potenciar los recursos propios». Por eso desde el centro que dirige se presta también especial atención al diseño de modelos y áreas de negocio, al asesoramiento desde el punto de vista agrario, pero también tecnológico y empresarial.

El centro de innovación es puntero a nivel nacional, lo que le permite realizar proyectos con socios biotecnológicos de la Unión Europea y optar al programa Horizonte 2020. «Tenemos un grupo de técnicos muy cualificados, actualmente somos 15 personas pero en breve se creará otra decena de puestos de trabajo».

Pablo Flórez insiste en que el proyecto permite potenciar la actividad farmacéutica, por sus certificaciones como laboratorio analítico, cuando «la mayoría de los análisis de este sector tenían que enviarse fuera de la Comunidad». Además de volcarse en la potenciación de la I+D en el medio rural, lo hará también en las industrias agroalimentarias. «Muchos proyectos se quedan sin desarrollar porque no hay un centro de apoyo cercano y asequible». En este empeño juega también un papel fundamental la defensa de los productos de la tierra, así como la formación medioambiental de los agentes implicados en el impulso de la actividad agroganadera.

Todas estas actividades, muchas de las cuales ya están en marcha, recibirán un impulso definitivo a finales de este verano, cuando comience a funcionar plenamente un centro que además de los laboratorios de investigación, servicio analítico y formación dispone de plantas de fermentación de microorganismos, destinados a los sectores agroalimentario, veterinario y farmacéutico.

La actividad investigadora se centrará en la búsqueda de biosoluciones. En el sector agrícola potenciando la búsqueda de microorganismos fitoprotectores, así como mejorando los cultivos autóctonos y con proyectos de multiplicación in vitro de semillas; así como la identificación de bacteriófagos para controlar enfermedades bacterianas.

Por lo que se refiere a las biosoluciones para el sector ganadero, la investigación se centra por el momento en los estudios con microorganismos productos de ácido láctico para el control de mamitis ambientales, y de control de patologías mamarias, así como estudios de las vacunas y sus efectos, de nutrición animal de control de patógenos.

En el sector agroalimentario la búsqueda de biosoluciones tiene como objetivo de momento el estudio de levaduras para la producción de cerveza artesanal, así como el análisis de los elementos que determinan el aumento de la vida útil en los alimentos perecederos.

Un ambicioso abanico de actividades que ya son el presente de Laboratorios Agrovet, un proyecto que nació en 2006 con dos trabajadores, y que ha ido creciendo hasta conseguir en 2011 la certificación de la Agencia del Medicamento, y convertirse en el laboratorio de referencia del análisis de suelos agrícolas, tarea en la que ha asesorado a más de un millar de agricultores.

En 2012 registró los primeros productos desarrollados a base de microorganismos fitoprotectores (Fitoagroactiv y Fitoagroactiv-Plus), y el año pasado Aimcra le reconoció como laboratorio para análisis de producción integrada de remolacha.

La puesta en marcha del centro supone «consolidar la apuesta de Agrovet por el mundo rural de la provincia». Y por el empleo, que crecerá de manera importante con las nuevas actividades planificadas.

Medición tierra

 

Author: Innova

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