Hilos por un mundo mejor
Mar21

Hilos por un mundo mejor

«Tribulanis.com» logra su segundo premio de economía colaborativa con ropa reciclada y ayudantes en riesgo de exclusión social.   Existe un juguete en el que confluyan diseño, sostenibilidad, nuevas tecnologías e inclusión social?. Sí. Se llaman Tribulanis, se venden on line, su creadora dedica el 10% de las ventas a oenegés, recicla ropa para confeccionarlos y lo hace con ayuda de mujeres del Ciami que buscaban trabajoLa ropa de la que nos aburrimos, la que sobra, se ha transformado en un buen medio para cambiar el mundo de la mano de Natalia Fernández Gómez. Esta emprendedora visionaria soñó con un planeta más justo y solidario, donde el reciclaje permitiera mejorar el medio ambiente y los niños aprendieran a respetar y disfrutar el entorno que les rodea. Hace dos años se puso manos a la costura y creó los Tribulanis. Unos juguetes artesanales, que se elaboran con textiles reciclados que provienen de sobrantes de confección industrial y de prendas usadas recogidas en dos puntos de la provincia: Via Factum, en León, y el Hogar del Pensionista de Villamanín. Para el relleno usa picada de tela o plásticos PET (de consumo) que también se reciclan. Fiel a su idea, dedica el 10% de las ventas a proyectos solidarios, a través de oenegés, como la instalación de un ascensor en un Hogar del Pensionista. También incorpora un ‘DNI’ a cada muñeco que sirve para obtener descuentos en la tienda on line y en los talleres y actividades que realiza. En el último taller usó marionetas con cejas, boca y ojos articulados para mostrar a los pequeños cómo gestionar sus emociones. Cada Tribulani es único, original e irrepetible y lleva consigo esa tarjeta que certifica su autenticidad y su numeración. A parte de contribuir a mejorar el medio ambiente y nacer con una misión social, su confección integra a mujeres en riesgo de exclusión social, a través del Centro de Información, Asesoramiento y Mujer (Ciami) de Villaquilambre. Fernández lanzó su proyecto embarazada de su primer hijo, después de haber trabajado en la construcción y de haber montado un negocio de golosinas saludables. Delineante, escaparatista, diseñadora de interiores y licenciada en gestión y administración de empresas, esta mujer de 37 años buscó una salida profesional que le permitiera «compatibilizar trabajo con su futura maternidad, y poseyera un trasfondo social y ecológico», recuerda. Desempolvó su máquina de coser y la remalladora y con los primeros muñecos en la mano llegaron los premios. Primero el de Cooperactiv@s, la Red de Personas Activas por la Economía Social, que le permitió elaborar el Plan de Empresa, encontrar espacio en Coworking León y entrar en contacto con el Ciami...

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