El dron que traduce el lenguaje del maíz

MARÍA J. MUÑIZ | León

La nueva generación del maíz se alimenta con tecnología desde el suelo y se controla con tecnología desde el cielo. Semillas evolucionadas se alimentan con abonos tecnológicos que compaginan la máxima eficiencia para la productividad con la mínima contaminación medioambiental, fundamentalmente de los acuíferos. Desde el cielo los sensores de los drones captan al centímetro la absorción de nutrientes y las necesidades de riego en las explotaciones. El resultado será un cultivo de maíz que llega a producir 16.000 kilos por hectárea, con un importantísimo ahorro de agua y abonos. Y, tanto o más importante, con un nivel mínimo de contaminación de nitrógenos en el entorno.

La ecuación que equilibra todos estos parámetros se realiza desde hace unos meses en el Centro Tecnológico Agrovet, en un proyecto pionero en el que el laboratorio leonés colabora con Timac Agro y con SmartRural, cuyos resultados definitivos se darán a conocer en octubre.

El puntero centro investigador local tiene dedicada una parcela de su centro experimental en Mansilla Mayor a este proyecto, que pone los últimos avances al servicio de uno de los principales cultivos del campo leonés en la actualidad. Nuevas semillas, más productivas; abonos selectivos de última generación y un avanzado sistema de control pionero en España, que comienza a utilizarse ya en Francia y Estados Unidos. El beneficio es doble: una mayor eficiencia de los cultivos y una adaptación a las futuras exigencias medioambientales de la Unión Europea, que observa con preocupación cómo el abuso de los nitratos y la contaminación que provocan en los acuíferos está afectando ya a la cabaña ganadera.

De hecho, en las explotaciones del sur de León se calcula que un 25% de los abonos que se utilizan acaban desperdiciándose con la utilización masiva y sin control del riego por inundación. Gasto para los agricultores y daño para los ganaderos y el resto de la población. Los nuevos sistemas permiten controlar, metro a metro de cada explotación, cómo evolucionan las plantas.

El centro tecnológico de Agrovet lleva meses poniendo en práctica el proyecto experimental en una parcela de cuatro hectáreas. A modo de laboratorio, compara los crecimientos de las plantas que han sido tratadas con diferentes tipos de abonado: los tradicionales de la zona, los que ya comercializa la multinacional Timac Agro y los que está desarrollando.

La medición de resultados se lleva a cabo a través de la empresa tecnológica SmartRural, que utiliza drones pilotados por satélite. El dron obtiene información a través de un sensor multiespectral que ha sido desarrollado por el instituto agrario francés Inra, y que a través de un algoritmo sobre el índice de vegetación de diferencia normalizada crea un mapa de reflectancia del cultivo. En esencia, la toma de fotografías permite medir el estado nutricional del cultivo, y lo hace además metro a metro de la totalidad de la parcela.

Los drones están dotados de un sensor multiespectral que en su equipo refleja cuatro espectros, que permiten además analizar un campo de cinco hectáreas al minuto. Registran todos sus valores en índices que se trasmiten a un ordenador, donde son analizados. «A diferencia de otros sistemas que utilizan satélites, señalan los técnicos, podemos analizar con 10 centímetros de pixel, cuando en un satélite la máxima definición oscila entre dos y tres metros. Hasta hace poco los parámetros eran de 20 ó 30 metros. Ahora podemos diseccionar el 100% de la parcela».

Conectados a un ordenador, los drones detentan a través de infrarrojos cómo cada planta está absorbiendo, por ejemplo, el nitrógeno. Las fotografías que se toman se transforman en datos, que permiten finalmente al agricultor constatar si la planta está aprovechando el nitrógeno en las distintas formas en las que se le presenta. «Si es capaz de asimilarlo lo llevará a las hojas transformado en clorofila, y después en azúcares».

Experiencia

De momento el sistema está utilizándose en 500.000 hectáreas en Francia, y su uso está a punto de registrarse en Estados Unidos. En España este proyecto es pionero. El desarrollo viene de la mano de Timac Agro, que experimenta en el centro tecnológico de Agrovet productos nutricionales novedosos, así como otros que ya están en el mercado pero cuya mejora está experimentándose. «Se trata de productos con una alta tecnología, que permiten que una menor cantidad de abono sea capaz de incorporar mayor número de nutrientes del suelo, transformándolos en azúcares, que son los que llenan las mazorcas». Lo explica Pablo Flórez, director del centro tecnológico agroganadero leonés, que resalta además que el estudio se realiza con una nueva variedad de maíz utilizada por Timac, cuyo ciclo llega casi a 500. Lo que implica que puede llegar a producir 16.000 kilos por hectárea, uno de los niveles más altos del mercado. Las semillas proceden de la multinacional Montsanto, que tienen un potencial productor muy elevado.

La empresa constata así la eficiencia de fertilizantes como C-Coder, un producto «a la demanda» que consta de una malla en la que se incorporan los principales nutrientes. La planta utiliza así los nutrientes que necesita, que se vuelven solubles, pero el resto de ellos no interactúa con el medio ambiente, lo que evita la contaminación del entorno. «De hecho, los agricultores tienden a abonar en exceso para suplir la pérdida de nutrientes que sufren con el riego. Este sistema controla este proceso».

Frente a los fertilizantes tradicionales, los D-Coder Top liberan los nutrientes ‘a demanda’ de la planta, a través de la interpretación de señales químicas del cultivo cuando tiene una necesidad, lo que permite liberar los nutrientes específicos. El fertilizante tiene un componente que desarrolla las raíces del maíz, para facilitar estos procesos. El resultado es que se asimilan mejor las sustancias necesarias, que además tienen un mayor índice de efectividad; y se disminuyen las pérdidas de fertilizantes y la contaminación medioambiental.

Fertilizantes

En la parcela de Agrovet se prueba además el fertilizante Rhizovit Process, un activador nutricional que maximiza el aprovechamiento de los nutrientes, tanto los que aporta la sustancia como los que están presentes en el suelo. «El mecanismo de acción está basado en un triple efecto activador: la activación del suelo, la de la raíz y la del equilibrio de nitrógeno». Una raíz más grande permite una mayor capacidad de captación del suelo. Y el compuesto potencia los mecanismos de asimilación y transporte de nutrientes.

El laboratorio analítico leonés Agrovet desarrolla, en fin, un complejo experimento en una de sus parcelas, que utiliza a modo de laboratorio monitorizado a través de los drones, para comparar, medir y contrastar los resultados de diferentes tipos de fertilizantes sobre las plantas. «Aunque las conclusiones del estudio no estarán hasta finales de octubre, los técnicos del proyecto ya tienen datos para poder contrastar la efectividad de los abonos con esta tecnología. Se produce un mayor desarrollo de las raíces, y la planta vista desde el cielo refleja una alta dosis de clorofila. Los índices nutricionales medidos con técnicas de espectrometría en el laboratorio demuestran un mejor equilibrio frente al ensayo testigo.

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Pablo Flórez, director gerente del Centro Tecnológico Agrovet, que desarrolla el proyecto en una parcela de cuatro hectáreas.RAMIRO

Incidencia solar

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El dron utilizado en el estudio introduce como novedad un sensor que corrige la incidencia solar, de forma que las cámaras en vuelo calibran a través de un luxómetro la incidencia sobre el cultivo, para traducir lo que absorbe la planta y lo que rebota. El dron detecta lo que refleja la planta, y va calibrando el posicionamiento que consigue a través de 15 satélites, para conocer la hora y la posición solar en la zona donde opera. Ello permite una mayor exactitud en la mediciones.

Author: Innova

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