Explosiones que apagan fuegos

PABLO RIOJA

Fue en los años 80 cuando daba vida a su primer gran invento, un extintor de explosión único en el mundo capaz de acabar con cualquier tipo de fuego de una forma rápida y eficaz. Desde entonces, este leonés de adopción sólo ha dejado lugar a la imaginación, mejorando y evolucionando su particular ‘criatura’ hasta convertirla en una herramienta útil digna de tener en cuenta tanto por particulares como por las instituciones. «El objetivo de este sistema es atacar, en primera instancia, los incendios forestales, domésticos e industriales que se puedan producir en los pueblos y que suponen un gran problema para los ayuntamientos al no tener medios para poderlos afrontar», señala Benigno García Calvo. Lo que en un principio comercializó como un pequeño recipiente de plástico que se lanzaba al fuego, ahora se presenta en formato de caja de cartón porque es «mucho más ecológico y tiene menores costes de producción», remarca.

El éxito del conocido como Begaextin radica en su pronta actuación sobre cualquier tipo de incendio.

«Sólo hay que encender la pequeña mecha que va incorporada al extintor y lanzarlo sobre el fuego. El resto es sencillo. El Begaextin hará explosión al entrar en contacto con la llama creando por una lado una burbuja carente de oxígeno y por otro una nube de agua. Todo ello acabará en cuestión de segundos con los tres factores que provocan cualquier fuego; calor, combustible y oxígeno, convirtiéndose en un producto 100% eficaz». Después de casi 30 años en el mercado, el invento de Benigno ha viajado con éxito hasta Holanda, Francia, Italia, Portugal, Hungría, Chile, República Checa e incluso Sudáfrica, pero como suele pasar pocos son los que se alzan profetas en su tierra. «En España también lo he comercializado pero no con el éxito que esperaba, sobre todo porque los organismos e instituciones no han terminado de apostar por él», se queja este asturiano natural de Moreda de Aller.

Pero lejos de cejar en su empeño, a sus 73 años, Benigno está a punto de cerrar una operación con la empresa alicantina Cervic para que ésta se haga cargo de comercializar los extintores, aunque ahora en un nuevo formato que incluye un completo kit antincendios en un contenedor. «El recipiente cuenta con 25 extintores, alarma antivandalismo y de apertura, botiquín de primeros auxilios, botellín de oxígeno, mascarillas, herramientas de excarcelación, guantes, cascos, escalera extensible e instrucciones de uso y documentación completa de homologaciones, entre otras cosas», puntualiza. Y es que «el éxito de la extinción de un fuego es actuar de forma inmediata. Si un pueblo, urbanización, fábrica, almacén, vivienda, instalaciones agrícolas —entre otros— están alejadas de un parque de bomberos es imprescindible disponer de este contenedor», insiste el inventor afincado desde hace años en Quintana de Rueda.

El proyecto, en un principio, está pensado para ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes, pero puede beneficiarse cualquier persona. «Su bajo costo y gran utilidad le resolverá, en algún momento, problemas de imprevisibles consecuencias, siempre graves, cuando un fuego ataca sus bienes. Podrían hacer frente a grandes fuegos sumando los medios de los pueblos limítrofes, lo que ahora parece imposible cuando los medios convencionales están desbordados por muchos incendios simultáneos», precisa. Pone un ejemplo: un extintor de estas características tiene una eficacia de tres a cinco metros de frente de fuego y 50 podrían atajar entre 150 y 250 metros de fuego. Si cinco pueblos limítrofes contarán con este sistema podrían extinguir un fuego de mil metros, suficiente para proteger montes o viviendas.

La ‘obsesión’ de Benigno por apagar fuegos eficientemente surge en su época de piloto de aviación. «Me seleccionaron del Icona, el organismo que tenía las competencias para extinguir fuegos antes de que pasaran a las comunidades autónomas, para volar y vigilar los incendios forestales. Pasaba horas sobre el cielo avisando de los incendios que se iban dando en los montes». Pronto se dio cuenta de que los medios terrestres era «lentos e ineficaces» y cuando llegaban al lugar «aquello se había convertido en un incendio forestal de envergadura», recuerda. «Comencé a darle vueltas a cómo crear un sistema que atacara los fuegos con un coste que no fuera elevado y se pudiera transportar con helicóptero». Unos cuantos sueños después, Benigno tenía listo el Begaextin.

«Al principio lo fabricamos en una nave industrial que tenía en Puente Castro, pero ahora el proceso se reparte entre varias empresas de Castilla y León».

Por otra parte, García Calvo busca ahora cómo aplicar su técnica de extinción a los aerogeneradores eólicos. «En la actualidad no existe un sistema eficaz que dé solución a este tipo de incendios. Cuando empieza un incendio no hay forma de pararlo ya y el aparato queda totalmente destruido con los costes millonarios que ello conlleva. Mi intención es diseñar un extintor específico, un aparato que sea eficaz y económico», finaliza. Si todo va bien, el nuevo invento de Benigno comenzará a convertirse en realidad en las próximas semanas.

fuego peque

Author: Innova

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