Manos contra el dolor

S. VERGARA PEDREIRA | León

Es una alumna brillante de la Universidad de León muy particular. Porque detrás de su impecable currículum, con nota media de 9,18 incluida, está el retrato de una mujer formada, luchadora y emprendedora.
Luisa Picinelli Lobo tiene una biografía de ida y vuelta. De padre italiano, madre leonesa, abuela berciana y partida de nacimiento en Venezuela. Una crisis obligó a su familia a traspasar fronteras antes de que ella naciera. Fue así como se conocieron sus padres y así también como nació venezolana, se crió berciana, se hizo madrileña y volvió a sus orígenes.

Estudiante de Traducción e Interpretación en Granada, trabajó como especialista en Montaje de Televisión y fue realizadora y ‘senior producer’ en Canal Satélite Digital y Calle 13. Luego, esa vida de trajín la convirtió en paciente y fue allí, sobre una camilla, donde descubrió su auténtica vocación: la fisioterapia. Para sorpresa suya y de nadie más, pues su familia y sus amigos siempre fueron conscientes del poder de sus manos y de sus masajes en las competiciones de baloncesto.

Así que, por segunda vez en su vida de regreso en Ponferrada, cogió los libros y se puso a estudiar. O más bien continuó haciéndolo, pues nunca en su vida dejó los apuntes. Y ahí está, volcada en el conocimiento y tratamiento del dolor y sus componentes físicos y cognitivos, aplicando sus conocimientos de Masoterapia y Osteopatía con tiempo, tacto y contacto, las tres claves de un buen fisio esforzado en la recuperación de la salud de sus pacientes.

Tiene cursos de especialización en punción seca en síndromes miofaciales, movilización neuromeníngea, tratamiento de disfunciones de la articulación temporomandibular y craneocervicales, inducción miosfacial y una larga lista. Quiere hacer un doctorado y un máster en Terapia Manual en la Universidad de León.

No deja de estudiar. Y tampoco de enseñar, quiera ella o no, algunas de las cosas fundamentales de la vida. Entre ellas, que siempre se está a tiempo.

Dice Luisa Picinelli que esa valentía y tenacidad le viene de familia y se lo debe también a su pareja. «Estoy continuamente aprendiendo de la gente que me rodea», dice. «Hubo momentos muy difíciles cuando tuve que esforzarme al máximo con asignaturas troncales clásicas de ciencias, yo, que hasta ese momento era de letras y arte…», recuerda.

Cree en una filosofía de vida trasladable a la fisioterapia. «En profesiones tan próximas a otro ser humano es importante la vocación y la empatía, tienes que estar preparado para dar todo lo mejor de ti y ayudar y acompañar en su proceso curativo a la persona que estás tratando», cuenta.

«No es un camino fácil pero sí gratificante. Y, por su puesto, nunca se termina de aprender, la formación sólo acaba de empezar», añade.
Quiere seguir su carrera en Ponferrada —«un lugar especial con una gente singular, donde me siento como en casa más que en ningún otro lugar»— pero no descarta coger la maletas y marcharse a otro lugar. De casta le viene. «Quizá a Francia, donde los fisioterapeutas españoles estamos muy bien valorados», reflexiona. Le ayudaría en ese futuro su pasado. En Granada estudió traducción con el francés como idioma principal. Quién sabe a dónde conduce la vida.

Author: Innova

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