Un contenedor para chicles

PABLO RIOJA | León

Más que los genios del mañana, en el Colegio La Anunciata de León se forman algunos pequeños genios que ya hoy triunfan con sus inventos. Cinco de ellos, alumnos de 1ºy 2º de ESO, lograban hace apenas tres meses el premio al mejor proyecto científico de Castilla y León en el concurso internacional de la First Lego League. Su proyecto Stop Chicles —que incluía la creación de un robot para recogerlos del suelo y un contenedor específico donde depositarlos, entre otras cosas— se ganó el favor de un jurado que perseguía innovación, trabajo en equipo, creatividad, resolución de problemas, comunicación y sobre todo espíritu emprendedor.

Me cito con ellos y con Sandra Valdueza —la directora de la actividad extraescolar Robotix— justo en el mismo aula donde han gestado una idea que incluso el Ayuntamiento de la capital podría poner en práctica en un futuro cercano. «Es eficaz, ahorra costes y protege el medio ambiente», aseguran Mario Fernández, Santiago Mateos, Álvaro Santamarta, Marcos Santos y Arsenio Álvarez, ‘padres’ del proyecto. «El problema de los chicles pegados al suelo es de larga tradición. Muchas personas han pensado sobre él y han intentado buscar una solución sin éxito palpable. Basta con pasear por cualquier calle de León para darse cuenta de que, pese a los intentos por solucionarlo, sigue habiendo cantidades increíbles de goma de mascar pegada al suelo», señalan.

Ahí es donde parte su trabajo de investigación. «Hablamos con varios barrenderos y todos coincidían en que —junto con los excrementos de perro— los chicles son lo que más les cuesta quitar». El equipo Dallas, así se autodenominaron los leoneses para participar en la Firts Lego League, se puso entonces manos a la obra para, en una primera fase de su plan, concienciar a la población. «Pusimos carteles por el colegio, hicimos encuestas a ciudadanos para ver dónde depositaban ellos los chicles y lanzamos varias campañas en redes sociales». Cada semana, según sus cálculos, 14.000 chicles nuevos van a parar al suelo en León. «Detectamos que nadie percibía el tirar el chicle al suelo como arrojar basura. Por supuesto, tampoco son conscientes de los riesgos que entrañan para la salud los chicles pegados en el suelo y los altos costes que conlleva para los ayuntamientos su limpieza».

Fue así como estos cinco estudiantes de entre 12 y 13 años se aventuraron a idear su propio método de recogida. Por un lado dieron vida a la Chiclera —un sistema simple de almacenaje de chicles que ocupa poco y puede ser colocado en cualquier sitio de la vía pública—. «De la misma manera que tenemos contenedores de vidrio, papel y cartón, residuos orgánicos, pilas, aceite usado, ropa, etc, se puede incorporar otro recipiente donde almacenar para posteriormente reciclar la goma de mascar», aclaran los jóvenes. El equipo se dio cuenta de que al ser un polímero gomoso y estar almacenado en condiciones óptimas, es decir, sin estar expuesto a fenómenos meteorológicos, el chicle puede ser reutilizado. «Se pueden hacer gomas de borrar, ruedas, piezas de Lego...».

El otro reto de los alumnos de La Anunciata fue la limpieza del pavimento. «Nos informamos sobre otras soluciones existentes y vimos que todos los aparatos existentes usan agua caliente a alta presión, combinándola o no con productos químicos, para despegar el chicle, raspándolo con alguna espátula o haciendo girar una lija a muchas revoluciones. Sin embargo, estas soluciones no acaban de ser aceptadas, bien sea por su alto coste o porque se invierte mucho tiempo en despegar una alta cantidad de chicles». La solución de estos estudiantes no fue calentar el polímero gomoso sino todo lo contrario; enfriarlo. Tras consultar a expertos de la Universidad, bomberos y otros especialistas, se decantaron por el nitrógeno líquido. «Una de las grandes aplicaciones del nitrógeno líquido es en los productos de goma moldeados mecánicamente, donde los excedentes de caucho se congelan con nitrógeno líquido quedando duros y quebradizos, de forma que pueden ser removidos con facilidad, además de conseguir un acabado de mejor calidad, una mayor productividad con respecto al rebabado tradicional manual o mecánico y una disminución de los costes de operación», recuerdan.

Los costes de estos métodos tradicionales de limpieza se elevan hasta los 400 euros, mientras que con el innovador sistema del equipo Dallas apenas se alcanzarían los 15 euros por litro de nitrógeno líquido, cantidad que permitirá recoger entre 10.000 y 15.000 chicles. Un sistema, por cierto, que también podría solucionar la recogida de heces de perros. Poner en marcha el proyecto de limpieza conllevaría la fabricación de carros barrenderos especiales. «Deben ser contenedores que almacenen nitrógeno líquido y una manguera para dispensarlo y, posteriormente, aspirarlo al interior del carro. En este carro barredor de calles existen dos posibilidades: una que sean carros con un solo contenedor preparado para la limpieza de chicles y, segundo, que sean carros mixtos, que estén capacitados para limpiar basura ordinaria y chicles», puntualizan.

Como si de cinco colegas recién salidos de la Universidad se tratase, tanto Mario, como Santiago, Álvaro, Marcos y Arsenio tienen completamente asumido que su idea es «más que viable». Sólo la edad impide que se lancen a montar su propia empresa. De momento se conforman con disfrutar de una asignatura optativa —Robotix— en la cual se sienten como pez en el agua. El colegio la instauró por vez primera este año —los miércoles por la tarde desde septiembre— y en apenas dos meses ya ha dado sus frutos a nivel regional. «No sólo se les enseña robótica, sino también ciencia y tecnología, así como habilidades lingüísticas», subraya Sandra. Todo de forma práctica. «Aprenden haciéndolo ellos mismos». El reconocimiento logrado en la First Lego League les pilló por sorpresa. «No esperábamos llegar tan lejos en tan poco tiempo».

Resolver retos con la robótica como herramienta. Esa ha sido la clave que enganchó a estos emprendedores y que desde la dirección del centro confían en que sirva como gancho para que aún más alumnos se apunten a la asignatura el curso que viene. Una clase de poco más de una hora donde «hemos descubierto nuevos amigos y un trabajo que se hace siempre en equipo», insisten los estudiantes. No saben lo lejos que llegará finalmente su sistema de recogida de chicles, pero sí tienen claro que no hace falta que su DNI acredite sus conocimientos y capacidad para ‘imaginar’ y dar forma a un proyecto que firmaría el mejor de los ingenieros. De nuevo esos locos bajitos han vuelto a demostrar lo grandes que son.

INNOVA ROBOTIX COLEGIO LA ANUNCIATA /


Los estudiantes dieron vida al proyecto en la clase de Robotix, una asignatura extraescolar. F. OTERO PERANDONES
INNOVA ROBOTIX COLEGIO LA ANUNCIATA /

■ Un proyecto real, barato y que respeta el medio ambiente
Todo el proyecto de investigación llevado a cabo por los cinco alumnos del Colegio La Anunciata giró en torno a los chicles, al problema que genera tirarlos a un sitio inadecuado como la vía pública y a la elevada dificultad que conlleva eliminarlos. Un sistema convencional genera gastos en torno a los 400 euros. El que ellos proponen sólo 15 euros.

■ Un reto a nivel internacional
La ‘First Lego League’ convoca cada año a nivel mundial a miles de jóvenes estudiantes emprendedores. Los cinco alumnos de La Anunciata compitieron contra otros 17 equipos el
pasado mes de febrero en Valladolid en la fase regional. Su proyecto Stop Chicles les supuso el premio al mejor proyecto científico de Castilla y León. Pero además también tuvieron que construir un robot con piezas de Lego —bautizado como Mazacote– que debía pasar varias pruebas relacionadas con la recogida de basura. «Decidimos crear un modelo sencillo con el fin de que fuese seguro y eficaz a la hora de superar los obstáculos», señalan los jóvenes. En esta fase del concurso quedaron en la octava posición.

Author: Innova

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