Un leonés en el corazón del airbus

SUSANA VERGARA PEDREIRA | LEÓN

De León al cielo. A la sede de Airbus en Toulouse, Francia. Trabaja en la gestión de riesgos del avión A320neo de Airbus. Un ambicioso proyecto para sustituir los motores del A320, el avión más vendido de la historia de Airbus, por otros más eficientes. Un cambio no tan sencillo. Hay que realizar numerosas transformaciones en el diseño del avión para poder garantizar su certificación, su fiabilidad en vuelo y la mejora en la eficiencia. A eso se dedica en Airbus este leonés brillante. En todo. Pasma el currículum de Jaime González a su 24 años cumplidos en marzo. Incluida su prometedora carrera deportiva en el Ademar, que ha cambiado por la ingeniería aeroespacial. Con éxito, también. El Gobierno le acaba de conceder la Mención de Honor al Premio Nacional Fin de Carrera por su expediente en Ingeniería Aeronáutica. Pasma pero no sorprende que no esté en España.


En Toulouse acabará su máster en Mecánica Aeroespacial y Aviónica impartido por el Instituto Superior de la Aeronáutica y el Espacio. Para llegar hasta allí primero tuvo que graduarse con notas excepcionales en Ingeniería Aeroespacial por la Universidad de León y luego contar con una beca de La Caixa. Fue así como emigró junto con su talento a Francia, bloqueado por «la falta de esperanza y de posibilidades de desarrollo».

«Desde la gestión de riesgos nos encargamos de identificar los posibles problemas antes de que éstos se produzcan, implementando un plan de mitigación para reducir su impacto negativo en el proyecto. También estamos muy atentos a todas las oportunidades que puedan surgir en el programa, logrando mejoras en el peso final del avión, en los costes de desarrollo, en la fecha del primer vuelo etc.», dice.

Poco más puede contar de este trabajo. Airbus está blindado. Y las restricciones llegan incluso para hacer fotografías. Todas en el exterior. Nada que identifique qué se está haciendo allí adentro.

A Jaime González se le nota satisfecho. «Este puesto me permite estar en contacto constante con las diferentes divisiones que conforman el proyecto (fuselaje, sistemas, ensayos en vuelo, ingeniería, etc.) obteniendo así una visión global del programa pero tratando a la vez problemas particulares de cada sector».

Entró en contacto con la industria aeronáutica hace un año, en la sede central de Airbus. Una beca le permitió acceder a este exclusivo club de los mejores. De aviones ya sabía para entonces algo. De aviones sin piloto. Fue colaborador del departamento de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de León en proyectos para optimizar aeronaves no tripuladas. Siempre quiso ser ingeniero. «Es algo que late en mí desde que tengo constancia de mis primeros recuerdos. Cuando era niño siempre estaba preguntándome por cómo funcionaba el mundo en general y especialmente las máquinas que me rodeaban. Conforme fui creciendo, me empezó a apasionar la perfección y excelencia de los aviones así como la facilidad que poseen para dominar el elemento que se nos había resistido a la humanidad durante tantos años: el aire. Así fue como decidí enfocar mi carrera de ingeniero hacia la aeronáutica, en busca de la perpetuidad y mejora de la perfección dentro de un campo en plena expansión», cuenta.

En el balonmano francés

No ha dejado el balonmano de todo. Al llegar a Toulouse encontró un equipo en tercera de la liga nacional francesa y allí está, integrado en un grupo «con una calidad humana excepcional».

Con él ya dentro, ascendieron de categoría y esta año han quedado cuartos en la segunda liga francesa de balonmano.

«El nivel de exigencia no se puede siquiera comparar con el del Ademar pero me permite mantenerme en forma y seguir disfrutando del balonmano», apunta. Al equipo de balonmano leonés le debe algo más que haber estado en la élite.

«Durante mi etapa de estudiante poder compaginar los estudios con la práctica activa del deporte requirió, por mi parte, unas dosis de fuerza de voluntad y sacrificio muy importantes».

Tiene claro lo que quiere: «Tener un impacto positivo en la sociedad a través de mis actos y ayudar a reducir la cantidad de talento que, cada día, se desperdicia entre los jóvenes. Dentro de unos años podré echar la vista atrás sin arrepentirme de nada».

En Toulouse no está sólo. «La verdad es que hay muchos españoles, especialmente en torno al A400M», cuenta. Es un avión de transporte militar que se ensambla en Sevilla.

«Puesto que todavía están en el periodo de ensayos en vuelo, hay gran cantidad de españoles que se han desplazado a Toulouse para trabajar en él. Su hangar se encuentra bastante cerca del nuestro, por lo que raro es el día que no escucho a algún compatriota por los pasillos o en el restaurante», añade.

Un máster en Cibernética, le ha permitido entrar de lleno en Airbus. «Se centraba en mejorar el proceso de realización de proyectos complejos y la resolución de problemas transversales, algo de lo que me he beneficiado durante mi etapa de estudiante en Francia y que todavía sigo aplicando hoy en día», apunta Jaime González.

«El objetivo era introducir a los alumnos en el mundo de la investigación, familiarizándoles

con las herramientas necesarias para consolidar una carrera en el mundo de la docencia y la investigación previa realización de un doctorado. Para ello inicialmente aprendimos los fundamentos de la disciplina con asignaturas como Investigación Científica para posteriormente realizar proyectos en áreas tan variadas como la Cognomática, la Nanoteconlogía, la Mecatrónica o la Robótica», recuerda.

Después de haber estado en diferentes países durante un largo periodo de tiempo y haber conocido sus sistemas educativos ha llegado a una dura conclusión: «España es un lugar en el que resulta extremadamente difícil explotar al máximo las capacidades de los jóvenes».

Y aún así, quiere regresar. «Cada vez estoy más convencido de que somos las nuevas generaciones las que tendremos que resolver los problemas de nuestro país. Espero que las mentes brillantes que ahora se encuentran fuera de España, sea cual sea la razón por la que se fueron, puedan regresar para tratar de construir una España donde los jóvenes puedan desarrollar su potencial de manera global».

«Creo que la coyuntura actual del país ha impedido que muchos jóvenes encuentren en España las condiciones que se merecen. Esto ha obligado a muchos a emigrar en busca de mejores condiciones laborales y oportunidades más sólidas. De todas formas, tengo la esperanza de que poco a poco se vaya mejorando la situación con el trabajo de todos, para que aquellos que quieran volver puedan hacerlo», confía.

Recuerda todas las enseñanzas que le han trasmitido sus padres, su profesores y los entrenadores, pero especialmente del hermano Tomás, el alma del Ademar. «Su calidad humana, su experiencia vital y sus sabios consejos le han convertido en una persona que, de alguna forma, ha conformado parte de mi persona».

No se cansa nunca de empezar. «Lo que no hagas, se quedará sin hacer».

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Author: Innova

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